The Saudi Connection

Ayer sobrevolé el Mar Rojo hasta llegar a la ciudad de Arabia Saudita donde tuve el privilegio de vivir tres largos años cuando sólo era un veinteañero con ganas de hacer justo lo contrario que lo que me recomendaban, bendita juventud… afortunadamente sigo haciendo exactamente lo mismo veinte años después, escucho a todo el mundo, lo proceso y termino haciendo lo que me dice mi instinto, aunque a veces lo confundo con hacer lo que me da la gana, y es en ese momento cuando me pego la gran bofetada. Todos aprendemos algo de nuestras experiencias por la vida y en mis tres largos años en el Reino Wahabita aprendí el significado de algo muy importante, el significado de tener paciencia, que se resume perfectamente en las primeras palabras en árabe que cualquiera debe de aprender cuando decida lanzarse a conocer el maravilloso Oriente Medio. La frase en cuestión es -Bukra in Shaala-, que básicamente significa -Mañana, si Dios quiere-.

 

Para explicar fidedignamente el tremendo significado de estas palabras en el mundo árabe, que más que una frase es un modo de vida, os voy a presentar a mi amigo Mohammed Al Mullah, la primera persona que conocí al llegar a Arabia Saudita. También sigue siendo el primero que me felicita las Navidades, sobra decir que Mohammed es musulmán, y con él aprendí una gran lección sobre la paciencia y los instintos.

 

La historia comienza en la ciudad de Jeddah, la perla del Mar Rojo. Llevaba solo unos días en Arabia Saudita donde me fuí a vender antenas parabólicas para ver televisión por satélite, además de otros gadgets tecnológicos Made in Galicia. Lo mejor de todo es que la mitad de nuestro catálogo estaba prohibido en el país, ya que la televisión por satélite podría recibir canales poco recomendables moralmente, y no era precisamente una multa lo que te llegaba al correo por no cumplir las leyes de este Reino. Ahora me río de estas cosas pero la verdad es que era un auténtico irresponsable y hasta el mismo Mohammed me lo recordó el día que me llamó a mi nueva oficina de Jeddah, preguntando si podría visitarlo para hablar de la instalación de un sistema de televisión satélite para uno de sus hoteles, que eso sí era totalmente legal y no estaba penado con el ´chop-chop´… sobra explicar el significado de esta palabra tan literal.  Me fui a ver a Mohammed, primero a su oficina y una semana después me invito a su casa, que es donde se hacen los negocios de verdad con los saudís. Allí fue donde conocí a los Al Mullah Corporation al completo, su padre y tres hermanos, que me invitaron a un cargadísimo café turco que hizo el mismo efecto en mi sistema nervioso que el de un martillazo de Thor. Una hora después de filosóficas conversaciones, su padre me hizo una pregunta, y la hizo con una profunda mirada llena de sabiduría beduina: -Miguel, y tú… qué es lo que realmente piensas de los árabes?-  y yo, siendo fiel a mi costumbre de seguir mis instintos y de no hacer caso a los sabios consejos que me habían dado de no hablar ni de política ni de religión en ese país, me puse a hablar con aquel saudí de política, religión y a decirle lo que realmente pensaba después de vivir unas semanas en aquel Reino, lo bueno y lo malo, entre otras cosas mi total incomprensión del por qué las mujeres no podían conducir. Eso sí, se lo dije con una enorme sonrisa y educación, que son las mejores armas contra la incoherencia… Finalmente, y después de bien pasada la medianoche, volví a casa, donde no pude dormirme hasta las 4 de la mañana gracias a aquel café turco con una tonelada de cafeína otomana que seguía aniquilándome las neuronas.

 

Durante los siguientes días no paré de llamar a Mohammed, aún intentando convencerlo para que nos adjudicara el proyecto de su hotel. Su respuesta siempre era la misma… -Miguel, Bukra in Shaala- y nos pasábamos una hora al teléfono o en el Starbucks de la esquina más cercana, hablando de lo que realmente les gusta hablar a los saudís y a los árabes en la intimidad: de la amistad, de las cosas sencillas de la vida que nos hacen felices, o sea, de fútbol. Después de dos pacientes meses de Bukra in Shaala y resultados futbolísticos, Mohammed me llamo para darme la buena noticia de que mi empresa había conseguido el proyecto para su hotel. La verdad es que me sorprendió, no ya por ser el primer negocio de verdad que hacía en mi vida, sino porque la competencia no solo era realmente dura sino que contaban con muchos más años de experiencia en el país. En nuestro Starbucks semanal no pude evitar la tentación de preguntarle por qué me habían dado el proyecto, a lo que Mohammed me respondió con lo mismo que su padre les dijo cuándo me fui de su casa aquella noche… -Veis hijos míos, el español es el único que nos ha dicho la verdad.-

 

Aquello me enseñó para siempre que, aún con el riesgo de equivocarme, debía de seguir mis instintos… Mañana quedaré con Mohamed en el mismo Starbucks, casi 20 años después de aquella lección, la lección que aprendí con el que será para siempre mi Saudi Connection.

Miguel Silva, Socio de 4BM

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